“Hacia el País del Olvido”. Julio 2026. Publicado en https://microficcionesycuentos.blogspot.com/,perteneciente a Sergio Gaut Vel Hartman
Hacia el país del Olvido
La mente de Florián ya no recordaba muchas cosas y cambiaba el orden de las que aún tenía memoria.
—Losiento, tiene usted alzheimer — le había dicho aquella doctora tan guapa y simpática ya hacía dos años. Quizás por eso no se había tomado tan mal la noticia, por lo guapísima que era. Ya puestos a que te fastidien la vida y que te digan que te vas a ir deteriorando poco a poco sin remedio, que al menos el mensaje llegue envuelto en un bonito papel de regalo.
—Bueno ¡Qué le vamos a hacer! Así también me olvidaré de todo lo malo.
Y así fue.
Se olvidó de que Carmen había muerto y empezó a llamarla por la casa. Sobretodo la echaba de menos por las noches, cuando se despertaba de madrugada, con frío y tocaba al lado de la cama que ella solía ocupar, y no la encontraba. Aquel lado de la cama ahora estaba muy frío y muy vacío. Durante el día vagaba por las habitaciones de la casa gritando su nombre, pidiéndole que le trajera alguna cosa.
—¡Carmen tráeme la maquinilla de afeitar que no lo encuentro!
Sólo un silencio sepulcral le contestaba
—Pero Carmen ¿Dónde estás? ¿Te has ido a comprar y no me has dicho nada?
Carmen no estaba. Ni Carmen ni nadie, y el pobre Florián se quedaba muy confundido. A veces se limitaba a sentarse en el salón, cogía un libro y esperaba durante horas a que regresara su mujer y cuando ya se hacía de noche y no volvía, llamaba a alguna de sus hijas y les preguntaba.
—¿Está vuestra madre con alguna de vosotras? Es que lleva todo el día fuera y no la encuentro.
Entonces ellas con gran tristeza siempre tenían que contestarle.
— Pero papá…,mamá hace tiempo que nos dejó. ¿No te acuerdas?
Entonces Florián se quedaba aún más confundido porque la verdad era que no se acordaba. En esos momentos se sentía solo, muy solo y muy pequeño. Y pensaba que le hubiera gustado tener un perro que acariciar, o incluso un gato, aunque no fueran unos animales que le gustaran. Lo que fuera por evitar esa doble soledad, la soledad de estar solo, y la soledad de no saber que lo estás hasta que alguien te lo dice.
Otras veces lo que sucedía era que confundía a su hija Lucía, la más pequeña de las tres, con su mujer. Ella, muy amable, solía seguirle la corriente la mayor parte de las veces, sólo sacándole de su error cuando le daba una palmetada en el trasero o intentaba alguna otra confianza marital similar.
-—Papá, ten las manos quietas. Que soy yo, Lucía. Mamá hace tiempo que murió. ¿Te acuerdas?
Entonces él se ponía a llorar su pena como si fuera nueva, y en verdad para él lo era, porque en ese preciso momento era cuando se daba cuenta de que era verdad que su mujer no estaba, y que llevaba mucho tiempo sin verla ni abrazarla. Recordaba de repente un entierro, mucha gente de negro, un féretro y que la dejaron allí enterrada y sola, como ahora lo estaba él. Y lloraba con desesperación por su soledad y la de ella. Entonces su hija Lucía le acariciaba la cabeza como si fuera un niño pequeño, hasta que se quedaba dormido.
También se olvidó de que su padre había fallecido hacía ya mucho tiempo y quería llamarlo por teléfono todos los domingos por la tarde, como hizo durante años, para hablar de fútbol y de las anécdotas familiares de la semana. Pero cuando le llamaba, nadie cogía el teléfono al otro lado.
—Papá, el abuelo duerme — solía decirle alguna de sus hijas, quitándole el teléfono de las manos.
—Es verdad —solía contestar él - desde que se jubiló, este hombre duerme mucho.
Y así fue olvidando a los vivos, mientras pretendía resucitar a los muertos. No reconociendo a sus hijas y confundiéndolas a cambio con la madre o la abuela.
A la vez fue olvidando las acciones básicas de la vida, como cocinar, limpiar, lavarse los dientes, ducharse, apagar las luz... Sus neuronas fueron muriendo y su mente se fue vaciando, hasta quedar completamente en blanco.
Lo que nunca olvidó fue ser feliz, a pesar de no recordar los motivos. Por eso cuando le llegó la hora final, dejó este mundo con una dulce sonrisa infantil dibujada en la cara.


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